Corre la grasa
La frustración la llevaba a ser lesbiana y vegetariana, seguro, el placer de la carne viscosa y grasienta llena de masa lipídica, labios, miembros, le asustaba tanto como cuando de niña la acechaban en la oscuridad de la Gran Vía. Los cuatro meses de abstinencia sexual estaban afectando a su capacidad de raciocinio exprimiendo sus sufrimientos a unos límites irracionales. El tiempo del vino y las rosas había dejado demasiado peso en su cabeza, no tenía intención de intervenir más y dejarse ir con la corriente del cambio hacia una grande y libre. Mucho poco tiempo en su espalda y ya tenía cicatrices que no se curaban con un mal polvo o unas friegas de alcohol. Al salir del bar tan borracha que ni se entendía saludó a los dos chicos que parecían tan majos ofreciendo bocadillos de jamón con un imbéciles que retumbaba aún en la cabeza de uno de ellos, al pedirle que le sujetase el paraguas para mear observó que le había robado la sonrisa y sonrió, después de estarles pidiendo dinero durante mucho rato a pesar de que ellos le explicaban con claridad su maldita situación decidió coger un taxi que se pudiese pagar con tarjeta y se despidió con un adiós hijos de puta.



